El futuro fue ayer. Abc. Artes y letras. Diciembre, 2011 Jueves, Ene 12 2012 

El futuro fue ayer.

El Krautrock es un mal llamado género. Mal llamado porque inicialmente tenía connotaciones peyorativas (llamar kraut a lo alemán), y porque es absurdo establecer vínculos estilísticos entre los grupos asociados un género que incluye entre sus filas músicas tan dispares como las de Guru Guru, Cluster o Can. Para explicarlo en pocas palabras, este género comprendería la música, de raigambre psicodélica e inclinación vanguardista, generada en Alemania a finales de los años sesenta. Dentro de esta producción tuvieron cabida desde la “música concreta”, la repetición hipnótica, los despliegues rockeros de punteos infinitos, lo mejor de la electrónica europea del momento, hasta los ritmos étnicos. Es por esta amplitud de miras que hoy se sigue sintiendo la influencia de un género que son diez géneros en uno, por eso y porque en su seno hubo músicos y artistas muy personales, de los que hacen época.

Algunos de los músicos más innovadores de aquella época se dieron cuenta de esta primavera alemana. Brian Eno se enamoró del ritmo “motorik” de Neu! y, en un acto de fanatismo se fue a Alemania, colaborando en álbumes de Harmonia y Cluster. David Bowie, con la ayuda de Eno, grabó su archiconocida trilogía de Berlín (“Low” y “Heroes”, ambos de 1977 y “Lodger”, de 1979), asombrado por la música que hacían Kraftwerk y Neu! e influenciando con estos discos a la siguiente generación de artistas como Wire o Talking Heads. Viendo sólo estas ramas de un árbol que es mucho más frondoso, parece fácil entender por qué este caldo de cultivo sigue siendo un suculento manantial de inspiración, en él se localiza un vértice en el que se daban la mano muchos postulados artísticos, pero dominados por dos ejes fundamentales: pop y vanguardia; rock y electrónica.

Se suele mencionar el krautrock al hablar de Lüger, lo que no es errado, porque está claro que de este plato comen mucho, pero parece otra de tantas maneras fáciles de poner una etiqueta a quien no la necesita. Lüger no son alemanes, y lo que Lüger tocan con sus instrumentos, uno por uno, es más bien rock´n roll del de toda la vida. Lo que ocurre con estos chicos es que han hecho algo que muy poca gente en España hace, cuando hablamos de música rock “psicodélica”, y es olvidarse de imitar a pies juntillas. Son primitivos, pero en absoluto retro, y son actuales sin ser tendenciosos. Forman parte de un entramado de grupos que, actualmente, están renovando muchas ideas que vienen de los últimos sesenta y los primeros setenta con gran éxito, como pueden ser Wooden Shjips, Om, The Oscillation o Cave, todos ellos baluartes de un tipo de música rock que es expansivo, flexible y destinado a colorear el cada vez más oscuro presente cotidiano. Es este terreno de juego internacional en el que esta banda, de las que más proyección tiene fuera de nuestro país, se mueve.

Lüger hacen la música que les ha dado la gana, y están demostrando algo muy importante en los tiempos que corren, cuando se está redefiniendo la industria musical, mientras los vampiros detrás de los sellos musicales se vuelven locos sin saber por dónde coger las riendas de su otrora boyante negocio, y es que, con la autoedición y el trabajo duro en los escenarios, es como se llega lejos. Lüger, según esa lógica, lo tienen ganado: su directo es espectacular.

Devo – Explosions Viernes, Dic 16 2011 

Original: http://www.youtube.com/watch?v=NfySddblb2Y
Frodus: http://www.youtube.com/watch?v=FSqNh-sRico

We like explosions that leave you feeling good
we like ideas that change the world for good

There’s nothing past the stop ‘n’ go
there’s nothing but the ebb and flow
there’s nothing like some in and out
there’s nothing more than what you know

We like new places that jets can’t take you to
we do like music when it does what it should do

Yes oh yeah
yes oh yeah
yes (we like) oh yeah (explosions)
yes (we like) oh yeah (explosions)

We like explosions it’s only right we should
we like ideas we thought you understood
we like new places until they’re overrun
we do like music — loud shots from the big spudgun

Artes y Letras. Marzo, 2011. Ted Leo. Viernes, Dic 16 2011 

El 9 de abril actúa en Valencia Ted Leo & The Pharmacists, grupo de madurez de uno de los exponentes del hardcore y el rock underground de los noventa

Seguir la trayectoria de la familia Leo es darse un paseo por los meandros de lo que fue el rock underground en la década de los noventa. A través de las numerosas bandas con las que los tres han colaborado, podemos atestiguar la riqueza y energía de una década que, heredera de los instantes musicales de finales de los años ochenta, ha continuado febrilmente en este siglo veintiuno.

Chris, Danny y Teo han formado parte, colectivamente, de más bandas significativas de las que se pueden contar con los dedos de las dos manos. Chris ha sido parte de Native Nod, The Lapse y Vague Angels. Todas ellas de gran solidez y personalidad, que se beneficiaban de los talentos melódicos y poéticos del incontinente verbal Chris. Ted Leo, por su parte, formó el mítico grupo hardcore Citizen’s Arrest (reformados ahora para una nostálgica serie de conciertos), a los que siguió una breve etapa junto a los excéntricos Hell No. A mediados de los años noventa formó Chisel, donde encontramos el germen de la música que compone e interpreta hoy, con sus magníficas canciones herederas, del pop y del punk/mod inglés.

De este modo, cuando los Pharmacists de Ted Leo sacaron su experimental primer disco en 1999, éste se valoraba en términos de la carrera anterior del líder de Chisel. Esto tardó poco en cambiar, ya que tras el segundo disco, «The tiranny of distance» (Lookout, 2001), uno de los mejores álbumes de 2001, Ted Leo & the Pharmacists se transformó en un eficiente grupo con nombre propio, siendo el que más funcionamiento continuado y éxito ha tenido, siempre con alguna gira o grabación entre manos.

Sexto álbum de estudio
Este sábado 9 de abril, la banda norteamericana nos presenta su sexto disco «The brutalist bricks» (La Castanya, 2010), que se mantiene exactamente en la línea de los cuatro anteriores. Un sonido punk-pop obsesivamente britófilo, donde se pueden intuir a Style Council, Dexy’s Midnight Runners, Billy Bragg, The Damned o Thin Lizzy, filtrados a través de las amplias habilidades compositivas de un músico que, no solo toca bien, sino que puede cantar.

Canta muy bien en el disco y extraordinariamente bien en directo, donde la pasión que le caracteriza es el sustento de sus acrobacias melódicas, y donde sucede el fenómeno que de verdad hace sobresalir a Ted Leo: es fácil identificarse con él. Verbosas y sinceras letras pulen hasta la perfección el desasosiego político cotidiano, el ánimo y el malestar a través, no de una retórica punk nihilista y grosera, sino de un filtro que pasa por la inteligencia, la lectura y las emociones sinceras; Ted Leo es un tío apasionado, alguien que entendió hace décadas que el punk no es un final, ni una forma, es un medio: es una energía que alimenta cientos de géneros artísticos. Esta energía de la que se nutre su personalidad, radiante, inteligente, echa abajo las críticas que contra su persona se puedan enarbolar. Sin duda, es su música una efectiva loción antiescéptica, humectante y refrescante.

Ahora bien, tras este disco, queda por ver qué sucederá, ya que Ted lleva cincelando la misma obra diez años. Es cierto que sigue una fórmula, pero está claro que su sonido está repleto de personalidad, pequeñas variaciones y sobre todo consistencia y calidad. A pesar de ello, como digo, queda la curiosidad de saber si volverá a ser capaz de grabar otro disco de este tipo y aún así ser capaz de dibujarnos una sonrisa en la cara. El próximo sábado 9 de abril, en la sala Wah Wah de Valencia, lo volverá a conseguir.

Artes y Letras. Junio, 2010. Hola a todo el Mundo. Viernes, Dic 16 2011 

Este disco es una de las flores más bonitas del jardín del pop actual, pero esperemos que no sea como la de bambú, que florece una vez y se muere.

El pop siempre ha sido una materia prima enormemente maleable, y es quizá en su flexibilidad donde radica su verdadera amplitud. Sus permutaciones, dentro de estéticas que pese a lo diferentes que parezcan entre sí se ven ancladas en el pop, son prácticamente infinitas.
Resulta tremendamente atractivo que un fenómeno musical, más que estilo, pueda ser tan diverso dentro de una relativa sencillez.
En cierto sentido, podría parecer que este último par de años estamos dentro de un ciclo que parece recordar, muy vagamente, eso sí, a los años sesenta en su mezcla de pop y folk.
Fue en torno a esa época, tras el fundamental revival americano e inglés de los años cincuenta —con Woody Guthrie y Pete Seeger como cabezas visibles, y Alan Lomax como voraz investigador— que la música folclórica, ya llamada folk se filtró al pop. Casi todos los grandísimos nombres de la época lo incluyeron en su acervo musical: Neil Young, David Crosby, Graham Nash, Lennon, la lista sería larguísma. Y es que lo que podríamos llamar «genuina» música folk (y ahora estamos en un terreno presto al debate y la polémica de musicólogos e incluso antropólogos), tiene un atractivo que se antoja maravilloso.
Y esto ocurre porque son formas musicales heredadas, a veces oralmente y de origen anónimo, que transmiten sentimientos universales a todo el hombre, desde el júbilo hasta la más lúgubre de las tristezas. En este sentido, la música es como la orografía: en todos los rincones del mundo hay cimas y valles; desde el rembetika griego, el gamelan balinés, el bluegrass de los Apalaches. Somos todos muy parecidos en el fondo.

Sin embargo, este magnetismo que supone el contacto casi directo con la emoción cruda, esta sencillez humana en el modo de la expresión (y sencillez de ningún modo implica tocar mal), esta tendencia al anonimato o a las biografías sin documentar, es algo que no aparece prácticamente en ninguna de las bandas que hoy día se califican como folk. Que quede claro: tocar un banjo no es folk. Tocar un banjo es tocar un banjo.
POP ESPIRITUAL. Aquí es donde entran Hola a Todo el Mundo, un grupo de pop espiritual, optimista, épico, emocional. En mi humilde opinión, considero que no son un grupo de folk; considero más bien que son una gran banda de pop ambicioso. Ambicioso instrumental, sónica e interpretativamente. Meterse en su mundo no es como mirar por una ventana que da a un tugurio griego donde cuatro buscavidas se cantan sus penas, si no más bien, es como asomarse a un grupo de amigos de toda la vida (algunos de ellos ya tocaron juntos por primera vez hace más de diez años, son auténticos amigos íntimos) que deciden hacer un grupo minucioso, muy pensado, que se escucha mucho a sí mismo y reflexiona cómo perfeccionarse, que plantea un directo acorde con el mundo que han decidido crear, de comunión y abrazo. Ese mundo es el mundo al que quieren saludar: todo el mundo. Toda una faena, sin duda.
Es así que, una vez planteados los primeros conciertos y grabada una demo, se han visto capaces de dar forma a algo ante lo que el público pueda responder. Se han cerrado sobre sí mismos para florecer como florece el bambú: todo el bosque a la vez, a lo grande. De este encierro reflexivo ha salido su larga duración, autoeditado por HATEM Prayer Team, su propio sello (demostración de la transformación del mercado musical de los últimos años), con diseño de su amigo de siempre Lolo Le Cadavre, y grabado en los Estudios Reno de Madrid; todo en familia. Aquí me voy a aventurar, esos estudios y Luca Petricca, «son» un Hola a Todo el Mundo más.
La calidad y variedad del tono, lo bien que encajan los timbres instrumentales y las voces, la calidad de sonido de las percusiones son una parte, en mi opinión, fundamental en este disco. Un álbum en el que se alternan momentos más comedidos e íntimos, exaltaciones al amor cósmico y exultante, con fantásticas canciones de pop de cámara.
Este disco es una de las flores más bonitas del jardín del pop actual, pero esperemos que no sea como la de bambú, que florece una vez y se muere. Esperemos que puedan llegar a abrazar a todo el mundo, durante muchos años.

Artes y Letras. Mayo, 2011. Observatori. Viernes, Dic 16 2011 

El veterano festival Observatori arranca este jueves con un «leitmotiv» muy sugestivo: el error como motor artístico. Un parámetro con el que han trabajado desde Duchamp hasta los compositores de música techno del siglo XXI

A partir del próximo jueves 5 de mayo, en las Reales Atarazanas de Valencia se nos propone una cita de envergadura con el arte contemporáneo. Lejos quedan ya aquellas ediciones de Observatori en las que pudimos disfrutar de conciertos de Pansonic al mismo tiempo que podíamos darnos un paseo por el arte más reciente. Tras un proceso de constricción en el que el factor económico y la saturación del espectro de festivales musicales en España fue decisivo, las ediciones de Observatori de los últimos años han dejado de lado el formato de conciertos para centrarse en la muestra de la creación contemporánea, interesada en la diversidad de medios, en lo tecnológico y en las ya difíciles de esquivar fórmulas multimedia.

Para su duodécima edición, el festival valenciano que dirige Blaco Añó y financia la Conselleria de Cultura ancla sus propuestas artísticas en el concepto del error, en el accidente como motor artístico. En una disciplina tradicionalmente inclinada hacia la búsqueda de una escurridiza perfección, el tiempo ha demostrado que muchas de las obras de arte más interesantes que hemos conocido han debido gran parte de su carácter a un error, a un imprevisto. Ya incluso artistas totalmente canonizados hoy en día dejaron tras de sí obras maestras que ellos mismos consideraron que no reproducían lo deseado.

Nos referimos a artistas de la talla de Rembrandt o Picasso, aunque es con la rotura imprevista del «Gran Vidrio» de Marcel Duchamp -un accidente que completaba una obra hasta entonces inconclusa-, cuando se consolidó para el arte el error como generador de significado. Es decir, es el momento a partir del cual se incluye dentro de los paradigmas válidos para la investigación artística una herramienta que, para la evolución del hombre y la sociedad, siempre ha sido básica: el aprendizaje a base de errores. Más aún, algunas veces, esos errores, esos fallos de medida entre lo deseado y lo obtenido, reportan resultados que nos parecen aún más interesantes que los que originalmente habíamos valorado, llegando a considerarse el punto de llegada como el válido.

No obstante, en una época como la nuestra, en la que las opciones electivas en lo emocional, lo laboral y lo cultural son prácticamente infinitas, la posibilidad de tomar la decisión correcta se hace cada vez más pequeña. Pero, ¿cuál es la decisión correcta? ¿Qué es acertar? Incapaces de dirimirlo, error y acierto se transforman en términos asediados por el relativismo.

Para sustentar dicha reflexión en torno al error como generador de sentido, Observatori ha seleccionado una serie de obras que podríamos agrupar en torno a dos vertientes: el error humano y el error de la máquina.

Basados en el error humano, encontraremos las piezas pintadas con «tipp-ex» de Ignasi Aballí. Esta pintura, en lugar de utilizarse para construir significado, sirve para eliminar el contenido erróneo y volver a la tabula rasa de la hoja en blanco. Walead Beshty (Londres, 1976), a su vez, es conocido por sus envíos Fedex, consistentes en introducir estructuras de cristal, sin proteger, dentro de un envío postal con dirección a la galería de exhibición. Las naturales roturas procedentes del transporte de estos objetos revelan una vida pasada y desconocida que nos recuerda, quizá, a la historia que contienen las arrugas, las cicatrices que delatan la edad y las tribulaciones vitales de una persona.

El error de la máquina será -con toda lógica dentro de un festival que aúna arte y tecnología- el que más representación tenga. Así, podremos ver obras procedentes de los errores en aplicaciones informáticas, como son las de Kart Klomp (Noruega, 1979); de la edición de numerosos errores de hardware para construir una composición sonora nueva, como en la obra del reputado músico techno Iñaqui Marín (Barcelona, 1974); o las piezas de dos de los artistas glitch más conocidos, Rosa Menkmann y Ant Scott.

El arte glitch consiste en la compresión o abuso de archivos digitales, sean imagen o audio, hasta que el resultado final es un archivo dañado o distorsionado, en un estado que normalmente sería rechazado. Es una tendencia del arte procedente de los últimos años noventa. Rodeada de teoría y bastante intelectualizada, tuvo cierta popularidad entre los admiradores de la música electrónica con la serie «Clicks and Cuts», que editó desde 2000 el influyente sello Mille Plateaux.

Así pues, afrontaremos esta edición de Observatori con un doble propósito. El primero será la reflexión en torno al error en el arte: ¿es éste una estética o un instrumento deliberado, o más bien es el imprevisto ocasional que llena de nuevo significado una acción artística?

En segundo lugar, y en la dimensión más digital, podremos ver si aquellos postulados digitales que poblaban los festivales de hace años siguen teniendo relevancia o han sido víctimas de una veloz esclerosis digital