El futuro fue ayer.
El Krautrock es un mal llamado género. Mal llamado porque inicialmente tenía connotaciones peyorativas (llamar kraut a lo alemán), y porque es absurdo establecer vínculos estilísticos entre los grupos asociados un género que incluye entre sus filas músicas tan dispares como las de Guru Guru, Cluster o Can. Para explicarlo en pocas palabras, este género comprendería la música, de raigambre psicodélica e inclinación vanguardista, generada en Alemania a finales de los años sesenta. Dentro de esta producción tuvieron cabida desde la “música concreta”, la repetición hipnótica, los despliegues rockeros de punteos infinitos, lo mejor de la electrónica europea del momento, hasta los ritmos étnicos. Es por esta amplitud de miras que hoy se sigue sintiendo la influencia de un género que son diez géneros en uno, por eso y porque en su seno hubo músicos y artistas muy personales, de los que hacen época.
Algunos de los músicos más innovadores de aquella época se dieron cuenta de esta primavera alemana. Brian Eno se enamoró del ritmo “motorik” de Neu! y, en un acto de fanatismo se fue a Alemania, colaborando en álbumes de Harmonia y Cluster. David Bowie, con la ayuda de Eno, grabó su archiconocida trilogía de Berlín (“Low” y “Heroes”, ambos de 1977 y “Lodger”, de 1979), asombrado por la música que hacían Kraftwerk y Neu! e influenciando con estos discos a la siguiente generación de artistas como Wire o Talking Heads. Viendo sólo estas ramas de un árbol que es mucho más frondoso, parece fácil entender por qué este caldo de cultivo sigue siendo un suculento manantial de inspiración, en él se localiza un vértice en el que se daban la mano muchos postulados artísticos, pero dominados por dos ejes fundamentales: pop y vanguardia; rock y electrónica.
Se suele mencionar el krautrock al hablar de Lüger, lo que no es errado, porque está claro que de este plato comen mucho, pero parece otra de tantas maneras fáciles de poner una etiqueta a quien no la necesita. Lüger no son alemanes, y lo que Lüger tocan con sus instrumentos, uno por uno, es más bien rock´n roll del de toda la vida. Lo que ocurre con estos chicos es que han hecho algo que muy poca gente en España hace, cuando hablamos de música rock “psicodélica”, y es olvidarse de imitar a pies juntillas. Son primitivos, pero en absoluto retro, y son actuales sin ser tendenciosos. Forman parte de un entramado de grupos que, actualmente, están renovando muchas ideas que vienen de los últimos sesenta y los primeros setenta con gran éxito, como pueden ser Wooden Shjips, Om, The Oscillation o Cave, todos ellos baluartes de un tipo de música rock que es expansivo, flexible y destinado a colorear el cada vez más oscuro presente cotidiano. Es este terreno de juego internacional en el que esta banda, de las que más proyección tiene fuera de nuestro país, se mueve.
Lüger hacen la música que les ha dado la gana, y están demostrando algo muy importante en los tiempos que corren, cuando se está redefiniendo la industria musical, mientras los vampiros detrás de los sellos musicales se vuelven locos sin saber por dónde coger las riendas de su otrora boyante negocio, y es que, con la autoedición y el trabajo duro en los escenarios, es como se llega lejos. Lüger, según esa lógica, lo tienen ganado: su directo es espectacular.

